Nació como humana en 1792 bajo el nombre de Elisabeth Periwinkle, en el seno de una acomodada familia parisina.
Tras su piel pálida y sus elegantes vestidos se ocultaba un espíritu indomable. Educada bajo una estricta disciplina, dominaba cuatro idiomas con apenas catorce años. Sin embargo, despreciaba profundamente la hipocresía de la nobleza y los matrimonios por conveniencia que sus padres planeaban para ella.
Terminó enamorándose de Charles Deltrejo, un joven de origen humilde por el que estuvo dispuesta a abandonarlo todo: su estatus social, su familia, su hogar e incluso su propia identidad.
Pero Charles la traicionó.
La noche en la que ambos trataron de huir de París, Charles la apuñaló mortalmente junto a las aguas del Sena.
Y, aun así, Elisabeth no murió.
Cuando volvió a abrir los ojos, ya no era Elisabeth Periwinkle.
Había renacido en Delkinru, el reino submarino gobernado por la Eterna Shira, convertida en una sirena bajo el nombre de Aya.
Durante años no conservó ningún recuerdo de su vida humana, aunque siempre supo que era distinta al resto de criaturas marinas. Sus ojos no eran violáceos, como los de las demás sirenas, y su voz carecía de la belleza sobrenatural propia de su especie. Nunca era invitada a la corte de Delkinru y creció sintiéndose extraña incluso entre los miembros de su propio cardumen.


«No voy a inclinarme, ni siquiera ante la Dama del Agua, te lo aseguro».
No fue hasta alcanzar la edad adulta cuando los recuerdos de su antigua vida comenzaron a regresar.
Entonces comprendió la verdad.
Aya no pertenecía realmente a Delkinru. Jamás lo había hecho.
Su lugar estaba en el Otro Mundo, el nombre con el que las criaturas marinas se referían al mundo humano.
Desde que recuperó sus recuerdos, Aya ha vivido obsesionada con regresar al lugar al que siente que pertenece. Finalmente encuentra un antiguo portal que conecta Delkinru con un pequeño pueblo costero llamado Blanes.
Sin embargo, regresar no resulta tan sencillo.
Han pasado más de doscientos años desde su muerte como humana y, además, sigue siendo una sirena incapaz de alejarse del mar durante demasiado tiempo.
Aya vive atrapada entre dos mundos, incapaz de pertenecer completamente a ninguno de ellos.








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La frontera entre los mundos está a punto de romperse.

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