Los sansamé
Los sansamé son seres sin alma considerados espeluznantes, una aberración de la naturaleza.
Se trata de humanos fallecidos a los que otro sansamé ha devuelto la vida. Sin embargo, aquello que regresa no es completamente humano. Simplemente existen, sobreviviendo en un mundo al que ya no pertenecen.
No poseen ningún fluido en su interior. Su piel presenta un tono grisáceo y enfermizo, y sus pupilas, completamente descoloridas, parecen vacías de vida.
Poseen una fuerza y velocidad sobrenaturales. No necesitan alimentarse y rara vez se relacionan con otras criaturas. Suelen habitar lugares fríos, húmedos y oscuros, como alcantarillas, túneles o antiguas catacumbas.
A menudo se agrupan junto a otros de su especie formando catervas, pequeños grupos extremadamente leales entre sí.
Algunos intentan mezclarse entre los humanos ocultando su apariencia mediante maquillaje y ropas pesadas, aunque resulta difícil ignorar la sensación antinatural que desprenden.
El fuego es su mayor debilidad. Una simple llama puede hacer que su cuerpo arda con rapidez devastadora.
Cada sansamé posee la capacidad de devolver la vida a un humano recién fallecido una única vez en toda su existencia. Por ello son extremadamente cuidadosos a la hora de elegir a quién condenar.
Este proceso recibe el nombre de “la condena”, pues supone arrastrar a otra persona a una existencia vacía y maldita: una grotesca imitación de la vida humana.
Algunos sansamé desarrollan la capacidad de percibir cuándo un humano cercano está a punto de morir. Sin embargo, este don suele resultar insoportable incluso para ellos, por lo que muchos terminan ignorándolo.
Existen comunidades secretas de sansamé, antiguas y perfectamente organizadas, que tratan de sobrevivir lejos de la humanidad el resto de su interminable existencia.





