KANE PERVERY

Kane Pervery

Antes de convertirse en el enigma que es hoy, Kane Pervery fue una humana común llamada Rebeca cuya vida estuvo marcada por la adversidad, pero, sobre todo, por un profundo e inquebrantable amor maternal.

Atrapada en un matrimonio destructivo y violento junto a un hombre llamado Sergio, Kane pasó meses ahorrando en secreto con un único propósito: huir junto a su hijo de tres años para darle un futuro lejos del maltrato y evitar que creciera a imagen de su padre. Tenía las maletas listas y un billete de avión con destino a Barcelona para empezar desde cero, pero el destino intervino de la forma más cruel.

La mañana de la huida, Kane supo que su propio padre había fallecido. Movida por los remordimientos y el deseo de rendirle un último tributo, decidió acudir al cementerio antes de ir al aeropuerto, dejando a su pequeño a resguardo por unas horas. Fue allí donde se cruzó con dos extrañas figuras encapuchadas de piel grisácea y mirada plateada: Jévano y Ubaldo. Pocos instantes después, Kane perdió la vida.

Sin embargo, su camino no terminó ahí. Fue condenada por los sansamé, Kane regresó al mundo de los vivos transformada en una de ellos: un ser inmortal, de piel ceniza y ojos plateados, desprovisto de alma. Al comprender su nueva y monstruosa condición de «cadáver viviente», Kane tomó la decisión más dolorosa de su existencia: separarse de su hijo para siempre para no condenarlo a una crianza antinatural. Con la ayuda de los gemelos, transportó al niño en barco hacia un lugar seguro. Desde aquel día, el recuerdo de su hijo es lo único que mantiene encendida su humanidad.

«Incluso sin alma, tengo conciencia… No hay un solo minuto en el que no piense en él».

En la actualidad, Kane vive oculta a ojos de la sociedad humana en el pueblo costero de Blanes. Junto a su grupo de cinco compañeros —conocidos localmente como «los Pervery»—, pasa las temporadas de octubre a marzo acampando y viviendo en una casa de la zona. Para los habitantes del pueblo, son simplemente una familia extremadamente extraña que siempre va exageradamente abrigada, oculta tras grandes gafas negras y bufandas para esconder su palidez y sus rasgos incorpóreos.

Sin embargo, a diferencia de sus huraños compañeros, que rehúsen cualquier contacto humano, Kane es la excepción: los jóvenes de Blanes la describen como una chica magnética, amigable y de una belleza misteriosa.

Su camino se cruza de forma crucial con el de Elian bajo las aguas del arrecife en Delkinru. Aunque al principio Elian la percibe como una amenaza debido a los prejuicios y las advertencias de la sirena Aya, la realidad es muy distinta. Kane es la única que verdaderamente comprende la red de mentiras, secretos y peligros que acechan al protagonista.

Actuando como una protectora silenciosa desde las sombras, Kane intentará advertir a Elian de las verdaderas intenciones de la criatura que lo está seduciendo y del peligro inminente de los versouls. Sin alma, pero con una conciencia intacta, Kane terminará convirtiéndose en una aliada inesperada, dispuesta a interponer su propio cuerpo inmortal como un escudo para proteger la vida de Elian en la batalla final.

Actuando como una protectora silenciosa desde las sombras, Kane intentará advertir a Elian de las verdaderas intenciones de la criatura que lo está seduciendo y del peligro inminente de los versouls. Sin alma, pero con una conciencia intacta, Kane terminará convirtiéndose en una aliada inesperada, dispuesta a interponer su propio cuerpo inmortal como un escudo para proteger la vida de Elian en la batalla final.

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La frontera entre los mundos está a punto de romperse.


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