Los Cuatro Eternos
Los Cuatro Eternos pertenecen a un antiguo clan milenario conocido como los towenaari, una civilización ancestral que existía mucho antes de que los humanos poblaran el Otro Mundo. Fueron los primeros seres capaces de utilizar magia y, con el paso de los siglos, aprendieron a dominar los elementos naturales hasta convertirlos en parte de su propia esencia.
De entre todos los towenaari nacieron cuatro seres distintos a cualquier otro.
Eterna Shira, guardiana del Poder del Agua.
Eterno Ciro, señor del Poder del Aire.
Gadea, protectora del Poder de la Tierra.
Ingo, portador del Poder del Fuego.
Son conocidos como los Cuatro Eternos porque fueron los seres más antiguos nacidos en el mundo. Su existencia es tan antigua que incluso las criaturas más longevas desconocen cuánto tiempo llevan vivos realmente. Algunas leyendas aseguran que los océanos, las montañas y las tormentas cambiaron para adaptarse a ellos y no al revés.
Con el paso de los siglos, los Eternos comenzaron a crear vida vinculada a sus elementos. De ellos nacieron algunas de las criaturas mitológicas más importantes de la historia:
* las sirenas de Shira,
* los elfos y criaturas del bosque de Gadea,
* los versouls y los sansamé, considerados por muchos la creación más oscura jamás concebida.


«Buena suerte. Que el Eterno Ingo os conceda una muerte rápida e indolora».
Hace siglos que los Cuatro Eternos abandonaron el mundo de los humanos. Cada uno habita ahora su propio reino, separados del Otro Mundo por antiguos portales y barreras mágicas.
Shira reina en Delkinru, un reino submarino de palacios sumergidos y corrientes luminosas.
Ciro gobierna Rea, un mundo suspendido entre cielos infinitos y tormentas eternas.
Gadea protege Anca, una tierra salvaje cubierta por bosques imposibles y montañas vivas.
E Ingo domina Lune, un reino de fuego, ceniza y ciudades forjadas en piedra volcánica.
Desde sus respectivos mundos, los Eternos observan el Otro Mundo y velan por su equilibrio. Sin embargo, rara vez intervienen directamente. Son sus criaturas quienes actúan en su nombre, venerándolos como dioses y buscando constantemente su favor.
La relación entre los Eternos nunca ha sido sencilla.
Shira permaneció ligada a sus sirenas y al océano, mientras Ciro observaba el mundo desde las alturas, silencioso y calculador, como si conociera secretos que jamás compartió con los demás.

Hubo épocas de unión, en las que los cuatro gobernaban como una sola fuerza, pero también siglos marcados por tensiones y conflictos. Ingo siempre fue el más inestable de todos. Impulsivo, orgulloso y difícil de controlar, su temperamento reflejaba perfectamente la naturaleza destructiva del fuego. Muchos de los grandes conflictos entre los Eternos comenzaron por su culpa.
Gadea, en cambio, se volvió cada vez más distante con el paso del tiempo. Encerrada en Anca junto a sus criaturas, dejó de preocuparse por lo que ocurría fuera de su propio reino.

Las antiguas leyendas towenaari afirman que hubo un motivo por el que los Eternos abandonaron el Otro Mundo.
Pero ese motivo se perdió hace siglos.
Y hay quienes creen que, cuando la verdad salga a la luz, el equilibrio entre los cuatro reinos desaparecerá para siempre.




