NERINA EMBID

Infancia (1864 – 1876)

Nerina Valenti nació en 1864 en un pequeño pueblo pesquero del sur de Italia, en el seno de una familia humilde marcada por la pobreza. Nunca llegó a conocer a su padre. Su madre evitaba hablar de él y respondía con una versión distinta cada vez que alguien preguntaba por su paradero. Algunos vecinos aseguraban que había muerto en el mar; otros, que simplemente las había abandonado antes de que Nerina naciera. Fuera cual fuese la verdad, la niña creció convencida de que solo podía contar consigo misma.

Su madre sobrevivía realizando pequeños trabajos para las familias más acomodadas del pueblo y aceptando cualquier empleo que les permitiera llevar algo de comida a casa. Aun así, los días de hambre eran frecuentes y ambas vivían en una pequeña vivienda prácticamente en ruinas, incapaces de escapar de una miseria que parecía heredarse de generación en generación.

Desde muy pequeña comprendió que el mundo era profundamente injusto. Observaba cómo las personas con dinero trataban con desprecio a quienes no tenían nada y cómo muchas mujeres dependían por completo de la voluntad de los hombres para sobrevivir. Aquella realidad despertó en ella un profundo rechazo hacia la pobreza y una determinación silenciosa: jamás permitiría que nadie volviera a decidir sobre su vida.

Era una niña despierta, extrovertida y extraordinariamente observadora. Aprendió muy pronto a interpretar las emociones de quienes la rodeaban y a adaptar su comportamiento para obtener aquello que necesitaba. Descubrió que una sonrisa, una palabra amable o una mentira bien construida podían abrir más puertas que la fuerza, una habilidad que acabaría definiendo gran parte de su personalidad.

Cuando tenía doce años, su madre enfermó gravemente. Sin dinero para pagar un médico y abandonadas por todos aquellos para quienes había trabajado durante años, falleció pocos meses después. La muerte de la única persona que había permanecido a su lado dejó a Nerina completamente sola.

Durante los años siguientes sobrevivió como pudo. Trabajó como criada, limpiando casas, descargando pescado en el puerto y aceptando cualquier empleo que le permitiera conseguir un plato de comida. Aquellos años terminaron de convencerla de que la bondad rara vez era recompensada y de que la libertad solo pertenecía a quienes poseían dinero o poder.

Retrato hiperrealista de Nerina Embid convertida en versoul, con ojos dorados y túnica blanca, personaje de la saga de fantasía Saga Elementum.
Nerina Embid durante su adolescencia en un pueblo costero de Italia, con ojos azules y una pequeña bolsa de viaje antes de partir hacia París.

Adolescencia (1876 – 1882)

Con el paso de los años, la belleza de Nerina comenzó a llamar la atención de todo el pueblo. Su abundante cabello castaño oscuro, ligeramente ondulado, enmarcaba un rostro de facciones delicadas y perfectamente proporcionadas. Sus intensos ojos azules transmitían una mezcla de dulzura y determinación que pocas personas olvidaban. Consciente del efecto que provocaba en quienes la rodeaban, comprendió muy pronto que su atractivo podía convertirse en una herramienta para escapar de la vida miserable que había conocido desde niña.

A los dieciocho años tomó la decisión más importante de su vida. Convencida de que permanecer en Italia solo la condenaría a repetir el destino de su madre, abandonó su pueblo natal y viajó completamente sola hasta París, la ciudad donde, según había escuchado innumerables veces, cualquiera podía reinventarse si tenía la suficiente ambición.

La realidad resultó muy distinta. Sin contactos, sin dinero y sin ninguna formación, pasó varias semanas sobreviviendo en las calles de la capital francesa. Cuando empezaba a perder toda esperanza, encontró trabajo en una exclusiva maison close regentada por una anciana llamada Casilda.

A diferencia de muchas jóvenes que llegaban obligadas por la desesperación, Nerina aceptó aquel empleo con una frialdad sorprendente. Comprendió enseguida que, en aquel lugar, la belleza, la inteligencia y la capacidad para seducir a los hombres valían mucho más que cualquier apellido o posición social. Gracias a su carisma, su facilidad para conversar y su capacidad para leer a las personas, pronto se convirtió en una de las mujeres más solicitadas del establecimiento.

Lo que Nerina ignoraba era que Casilda llevaba observándola desde el mismo día de su llegada. La anciana veía en aquella joven italiana algo que pocas personas poseían: una ambición inquebrantable, una extraordinaria capacidad para manipular a quienes la rodeaban y una determinación nacida de una vida marcada por el sufrimiento. Sin saberlo, acababa de llamar la atención de la mujer que, años más tarde, cambiaría para siempre el rumbo de su existencia.

La llegada de Victoire (1886)

Cuatro años después de la llegada de Nerina al burdel, una nueva joven cruzó sus puertas.

Se llamaba Victoire Delacroix y pertenecía a una familia burguesa parisina venida a menos. Su educación refinada, sus impecables modales y la evidente incomodidad con la que afrontaba su nueva realidad llamaron inmediatamente la atención de Nerina.

Mientras la mayoría de las trabajadoras interpretaron la llegada de la joven pelirroja como una nueva competencia, Nerina vio reflejada en ella una ingenuidad que hacía mucho tiempo había perdido. Comprendió desde el primer momento que aquella muchacha no sobreviviría mucho tiempo si nadie le enseñaba cómo funcionaba realmente aquel lugar.

Fue ella quien le explicó las normas no escritas del burdel, cómo identificar a los clientes peligrosos, qué hombres convenía evitar y cómo mantener siempre el control de una conversación sin perder la compostura. También le enseñó a ocultar sus emociones y a no dejar que ningún cliente confundiera la amabilidad con la debilidad.

Gracias a su ayuda, Victoire consiguió adaptarse poco a poco a una vida para la que nunca había sido preparada.

A cambio, la joven francesa le descubrió un mundo completamente diferente. Compartía con Nerina los libros que conseguía reunir, le hablaba de literatura, de música y de los lugares que había conocido durante su infancia. Aquellas conversaciones se convirtieron en el único momento del día en el que ambas podían olvidar el lugar en el que vivían.

Con el paso de los meses desarrollaron una amistad cada vez más profunda. Dormían en habitaciones contiguas, compartían confidencias y comenzaron a considerarse hermanas por elección. Por primera vez desde la muerte de su madre, Nerina sintió que volvía a formar parte de una familia.

Las dos soñaban con abandonar algún día el burdel y empezar una nueva vida lejos de París, convencidas de que todavía existía un lugar donde podrían dejar atrás el pasado que las había unido.

Victoire Delacroix toca el piano mientras Nerina Embid la observa durante un momento de amistad en el burdel de París, antes de su trágico destino en Saga Elementum.
Casilda Embid, bajo la apariencia de una anciana de ojos dorados, revela a Nerina la existencia de los versouls en el burdel de París.

Los años de confianza (1886-1891)

Mientras la amistad entre Victoire y Nerina se hacía cada vez más fuerte, Casilda continuaba observando a la joven italiana desde la distancia.

A los ojos de todos seguía siendo únicamente la anciana propietaria del establecimiento: una mujer estricta, pero justa, que protegía a sus empleadas y dirigía el negocio con una sorprendente habilidad. Nadie sospechaba que aquella apariencia envejecida ocultaba la verdadera identidad de una versoul que llevaba siglos recorriendo Europa.

Durante aquellos años, Casilda fue estrechando poco a poco su relación con Nerina. Le confiaba cada vez más responsabilidades dentro del burdel, le permitía gestionar a algunas de las nuevas trabajadoras y recurría a ella cuando surgían conflictos con los clientes más influyentes. La joven italiana interpretó aquel trato como una muestra de confianza y terminó viendo a la anciana como la figura materna que había perdido años atrás.

Sin embargo, Casilda tenía otros motivos.

Había dedicado siglos a formar su propio grey y sabía reconocer a las personas capaces de sobrevivir a cualquier circunstancia. En Nerina veía una inteligencia poco común, una enorme capacidad para manipular a quienes la rodeaban y, sobre todo, una ambición nacida del miedo a volver a ser pobre. Aquella combinación le recordaba demasiado a sí misma.

Por ese motivo decidió esperar.

No pretendía ofrecerle la inmortalidad a una muchacha desesperada, sino a una mujer plenamente consciente del precio que tendría que pagar para conseguirla.

Durante casi una década puso a prueba su lealtad, su sangre fría y su capacidad para anteponer sus propios intereses a cualquier sentimiento. Cuando llegó a la conclusión de que Nerina estaba preparada, supo que había encontrado a la heredera que llevaba siglos buscando.

La revelación de Casilda (1891)

A comienzos de 1891, Casilda tomó una decisión que llevaba años posponiendo.

Después de casi una década observando a Nerina, estaba convencida de que había encontrado a la sucesora que llevaba siglos buscando. Había visto cómo la joven italiana era capaz de adaptarse a cualquier situación, cómo utilizaba la inteligencia antes que la violencia y cómo había aprendido a sobrevivir en un mundo que jamás había mostrado compasión hacia ella. Sobre todo, comprendía el origen de su mayor virtud y de su mayor defecto: el miedo a volver a ser pobre.

Poco antes del cierre definitivo del burdel, Casilda pidió a Nerina que la acompañara a sus aposentos privados. La anciana le confesó que el establecimiento no tardaría en desaparecer y que ambas debían hablar de su futuro.

Una vez estuvieron completamente solas, ocurrió algo que Nerina jamás olvidaría.

Ante sus propios ojos, el cuerpo envejecido de Casilda comenzó a transformarse. Las arrugas desaparecieron lentamente, su espalda recuperó la rectitud y su cabello volvió a adquirir el brillo de la juventud. En apenas unos segundos, la anciana propietaria del burdel había desaparecido para dar paso a una mujer de extraordinaria belleza, con largos cabellos oscuros y unos intensos ojos dorados que parecían brillar incluso en la penumbra.

Nerina permaneció inmóvil, incapaz de comprender lo que estaba contemplando.

Fue entonces cuando Casilda le reveló la existencia de los versouls y del mundo oculto que convivía con los humanos desde hacía siglos. Le habló de criaturas inmortales, de reinos secretos y de una guerra silenciosa que la humanidad desconocía por completo. También le confesó que llevaba siglos dirigiendo el burdel bajo la apariencia de una anciana para pasar desapercibida mientras buscaba personas dignas de unirse a su grey.

Por primera vez en su vida, Nerina sintió que el mundo era mucho más grande de lo que jamás había imaginado.

Casilda Embid revela su verdadera identidad a Nerina transformándose de anciana en una joven versoul de ojos dorados en el burdel de París.
Casilda Embid recupera su verdadera apariencia y revela a Nerina la existencia de los versouls en el burdel de París.

La propuesta de Casilda

Durante las semanas siguientes, Casilda fue revelándole poco a poco los secretos de los versouls.

Le explicó que la inmortalidad existía realmente y que quienes la alcanzaban dejaban atrás para siempre la enfermedad, la vejez y el miedo a la muerte. También le habló del inmenso poder que poseían los versouls y de la libertad que suponía no volver a depender nunca más de nadie.

Aquellas conversaciones despertaron algo que Nerina llevaba años intentando ocultar.

Desde la muerte de su madre había vivido aterrorizada ante la posibilidad de volver a quedarse sola, de pasar hambre o de convertirse en una anciana olvidada por todos. La inmortalidad representaba exactamente lo contrario: la posibilidad de controlar por fin su propio destino.

Sin embargo, Casilda no tardó en revelar el verdadero precio.

Para convertirse en versoul era imprescindible ofrecer un alma. Un ser humano debía morir para que otro pudiera vivir eternamente.

Aquella confesión sacudió por completo a Nerina.

Durante semanas fue incapaz de tomar una decisión. La inmortalidad la fascinaba, pero la idea de asesinar a un inocente resultaba incompatible con todo aquello que todavía conservaba de la joven que había llegado años atrás desde Italia.

Casilda nunca trató de presionarla.

Simplemente esperaba.

Sabía que la decisión solo tendría valor si nacía de la propia Nerina.

La ruptura con Victoire

Incapaz de soportar sola el peso de aquella decisión, Nerina terminó confesándole toda la verdad a la única persona en la que confiaba plenamente: Victoire.

Le habló de Casilda, de los versouls, de la inmortalidad y del sacrificio necesario para alcanzarla. Convencida de que era la única oportunidad de escapar definitivamente de la vida que ambas habían conocido, le propuso convertirse juntas en versouls.

La respuesta de Victoire fue exactamente la contraria a la que esperaba.

La joven francesa rechazó la propuesta desde el primer momento. Consideraba monstruosa la idea de arrebatarle la vida a un ser humano para conseguir la inmortalidad y se negó siquiera a contemplar aquella posibilidad. Además, se sentía profundamente unida a Lucien, Glynn y Áurea, las únicas personas que le habían demostrado que aún podía existir bondad en el mundo.

Durante horas, ambas discutieron sin conseguir convencer a la otra. Victoire le suplicó que abandonara aquella idea antes de cometer un acto del que se arrepentiría para siempre.

Cuando Casilda descubrió que la joven francesa conocía la existencia de los versouls y seguía negándose a unirse a ellos, aseguró que ya no podía permitir que una humana conservara aquel secreto. Antes de rendirse, Nerina hizo un último intento por convencer a su amiga de aceptar la inmortalidad, pero Victoire volvió a rechazar la propuesta.

Sin saberlo, aquella conversación marcó el final de la amistad más importante de sus vidas.

La mujer con la que había compartido sus sueños, sus secretos y gran parte de su vida humana había sido quien puso fin a ella.

Durante siglos, aquella sería la herida más profunda que cargaría sobre sus hombros. No la de su muerte, sino la de haber sido asesinada por alguien a quien había llegado a considerar una hermana.

Nerina Embid propone a Victoire Delacroix convertirse en versoul durante una conversación en el burdel de París.
Nerina Embid abandona la habitación convertida en versoul mientras Casilda, con túnica blanca y capucha, la sigue tras completar el ritual de inmortalidad.

El sacrificio de Victoire (1891)

Cuando comprendió que Victoire jamás aceptaría convertirse en versoul, Nerina tomó la decisión de continuar sola.

Convencida por las palabras de Casilda de que ya no existía otra alternativa, decidió convertir a su mejor amiga en el sacrificio que necesitaba para reclamar la inmortalidad.

Utilizando un puñal de oro entregado por Casilda, la apuñaló directamente en el corazón, provocándole la muerte casi de forma inmediata. A continuación, ofreció el alma de Victoire a Casilda, quien la absorbió y completó el ritual que transformó a la joven italiana en un versoul.

Al despertar, Nerina había dejado atrás para siempre su condición humana. Sus ojos adquirieron el característico tono dorado de los versouls, dejó de envejecer y obtuvo la inmortalidad.

La muerte de Victoire puso fin a la profunda amistad que ambas habían construido desde su llegada al burdel. Mientras Nerina pasó a formar parte del grey de Casilda Embid, Victoire fue condenada poco después por Áurea Pervery y se unió a la caterva Pervery como sansamé, iniciando una larga persecución contra la mujer que había sido su mejor amiga.

Abel Colomer y Nerina Embid disfrutan de un lujoso hotel mientras permanecen ocultos de Victoire y Ubaldo en Saga Elementum.

Descubre la saga completa

El misterio no ha hecho más que empezar para Charles. ¿Te atreves a descubrir qué se esconde en Blanes?

Portada de Agua, primer libro de la Saga Elementum, con una sirena sosteniendo un frasco mágico
LIBRO I

Portada de Fuego, segundo libro de la Saga Elementum, con un joven sosteniendo una espada rodeado de llamas.
LIBRO II

Portada de Aire, tercer libro de la Saga Elementum, con tres figuras femeninas sosteniendo esferas de energía elemental.
LIBRO III

Portada de Tierra, cuarto libro de la Saga Elementum, con Elian y Aya unidos por la simbiosis del Poder del Agua.
LIBRO IV

Próximamente

Logo oficial de La Saga Elementum con los cuatro elementos representados: agua, fuego, aire y tierra.